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Los tantras enseñan que ningún templo supera en santidad El Templo del Cuerpo. Todos los elementos: éter, aire, fuego, agua y tierra, se encuentran en el cuerpo, junto a sus propiedades.
El templo corporal tiene sus jardines, ríos, santuarios, y puertas. Por definición, un templo es un lugar de culto, un edificio dedicado al servicio de Dios.
Este Dios, según el Tantra, es nuestra alma o ser más elevado, que se conoce y sirve a través del Templo del Cuerpo.
El acto del culto en el Templo del Cuerpo consiste en concentrar la actitud creativa, canalizando hacia arriba la energía sexual.
Este proceso evolutivo, experimentado en forma de estremecimiento extático, asciende desde la región sexual y resplandece en el plexo solar.
El proceso psicocósmico o culto del sí mismo, tiene lugar en el Templo del Cuerpo a todos los niveles, desde el nivel físico hasta el más sutil.
La consciencia de sus condiciones físicas y sutiles es parte integral de la actitud creativa. El templo corporal debe mantenerse limpio, sano y en armonía, debido al respeto que nos merece la divinidad que vive en su interior.
Hay que proporcionar goce y no escatimar ningún esfuerzo para asegurar al templo de la divinidad una satisfacción completa. Ese amor sensual es un acto de gran potencia mágica y espiritual, y constituye uno de los principios del Tantra.
En muchas tradiciones místicas, sobre todo occidentales, podemos encontrar con frecuencia la idea de renunciar a la carne por el bien del alma. En realidad, este es un esfuerzo inútil, ya que cualquier cosa que sea reprimida reaparecera inevitablemente.
El Tantra enseña que debemos emplear en el camino hacia la Liberación todos nuestros dones de la mente, el cuerpo, la cabeza y el corazón. Al consagrar todas las partes de nuestro ser a un propósito elevado, las integramos en un todo.
De esta forma, las emociones y pasiones pueden ser transformadas en la alegría del éxtasis transcendental.
El crecimiento personal puede ser acelerado simplemente cambiando nuestos hábitos. Es necesario acabar con la condición de dependencia inherente a las costumbres.
Todo acto intencional de la voluntad tiene una potencia mágica y es mucho más efectivo que los actos habituales y no intencionados. El cuerpo humano es capaz de realizar adaptaciones extraordinarias, incluso cuando parece estar rígido.
Cuando vencemos el miedo inicial al cambio, podemos verdaderamente empezar a disfrutar de nuevas experiencias.
El culto del cuerpo lo realizamos mediante distintas técnicas, para relajar los músculos tensos, aliviar los nervios excitados y acondicionar los órganos interiores y el sistema glandular, convirtiendo así a todo el cuerpo en un vehículo idóneo para realizar la experiencia de la evolución tántrica.
Un cuerpo radiantemente sano es un requisito indispensable para la práctica correcta del Tantra. La relajación, el yoga, el vyayam, los pranayama, la meditación, etc. forman parte de este conjunto de técnicas, entre las que destaca una correcta respiración.
Lo que conecta el cuerpo con el espíritu es la respiración. Aunque todo el trabajo del Tantra se realiza dentro de la mente, es de la calidad de nuestra respiración, de su fuerza, de donde depende la calidad y la fuerza de todas las manifestaciones de nuestra vida, de nuestro pensamiento.
Nuevamente recurrimos al Shiva Samhita: "El cuerpo de una persona que practica la regulación de la respiración se desarrolla armónicamente, emite un dulce aroma, y se hace fuerte y hermoso. El practicante sabio destruye todo su karma, ya lo haya adquirido en esta vida o en las anteriores, mediante la regulación de la respiración".
Así pues, recordar que para que nuestro pensamiento sea positivo, es necesario el culto del templo de nuestro cuerpo siguiendo los principios de una dieta adecuada, una respiración correcta, un ejercicio adecuado y una relajación adecuada.